La tierra que lo vio crecer: la historia de Manuel Vásquez y su lucha por seguir cultivando

Desde la comunidad de Poza Verdes, en el municipio de Macuelizo, Santa Bárbara, Manuel Vásquez representa la historia de miles de familias campesinas hondureñas que encuentran en la agricultura una forma de vida, una herencia familiar y una oportunidad para construir un mejor futuro.
Entre surcos de maíz, plátano, sandía y pepino, Manuel ha dedicado más de dos décadas de su vida al trabajo de la tierra. Su historia está marcada por el esfuerzo, la responsabilidad y la convicción de que el campo, pese a sus desafíos, sigue siendo un espacio donde se puede generar bienestar para las familias y las comunidades.
“Desde los siete años ya me gustaba andar trabajando en la tierra”, recuerda Manuel. Su infancia estuvo ligada al campo, pero también a grandes responsabilidades. Cuando tenía 10 años, su padre sufrió un accidente y tuvo que dejar sus estudios para asumir el trabajo familiar.}

“Me tocó salir de la escuela y cubrir el puesto de mi papá en un grupo campesino. Desde esa edad asumí la responsabilidad de trabajar para mantener lo que tenemos hoy”, relata.
Esa experiencia temprana marcó su carácter y fortaleció su compromiso con las personas trabajadoras. A los 11 años tuvo que enfrentar otra realidad: las condiciones laborales injustas que vivían los trabajadores de la caña. Su decisión de defender los derechos de sus compañeros le costó su empleo, pero también reafirmó su convicción de luchar por mejores condiciones para quienes trabajan la tierra.

La agricultura: una herencia que enfrenta nuevos desafíos
Para Manuel, vivir en Poza Verdes significa pertenecer a una comunidad tranquila, trabajadora y productiva. Sin embargo, reconoce que dedicarse a la agricultura actualmente representa grandes retos. El incremento en los costos de producción, la falta de precios justos para los productos y los efectos del cambio climático han puesto en riesgo la sostenibilidad de muchas familias productoras. “Uno cultiva, pero muchas veces quienes obtienen la mayor ganancia son los intermediarios. Hay una gran diferencia entre lo que uno invierte y lo que recibe al vender la cosecha”, explica.
El cambio climático también ha obligado a los productores a buscar nuevas alternativas y modificar sus prácticas agrícolas. Las plagas, las variaciones del clima y el aumento en los costos de los insumos son desafíos constantes que requieren nuevas formas de producir.

Ante esta realidad, Manuel decidió fortalecer una agricultura más diversificada y orientada al consumo familiar y comunitario.
Una de las apuestas de Manuel ha sido aprovechar la producción local para garantizar alimentos saludables para su familia y su comunidad. En su parcela cultiva diferentes productos como pepino, sandía y plátano, promoviendo que los alimentos lleguen primero a las familias de la comunidad. “El mercado fue nuestra propia población. No vino alguien de afuera a comprarlo, sino que la misma gente pudo acceder a estos productos”, comenta.
Para Manuel, producir sus propios alimentos también representa una forma de cuidar la salud de su familia. “Cuando uno compra un producto en el mercado no sabe todo el proceso que llevó, ni qué químicos utilizaron. Cuando uno cosecha, tiene la responsabilidad de cuidar a su familia”, expresa.
En el marco del proyecto «Produce Verde» implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el financiamiento de Church World Service (CWS), la llegada de la organización significó para Manuel una oportunidad para fortalecer sus conocimientos, mejorar sus prácticas productivas y ampliar sus capacidades como productor. Recuerda que el primer apoyo recibido fueron semillas de rábano y pepino, un gesto que marcó el inicio de un proceso de acompañamiento y aprendizaje. “Me dijeron: cultívelas, envíe fotos y verá lo que viene por delante”, recuerda con emoción.
Ese primer acercamiento abrió paso a nuevos procesos de acompañamiento: apoyo para la producción de sandía, sistemas de riego, fortalecimiento de la agricultura familiar y entrega de especies menores mediante procesos de transferencia entre familias productoras.

A través de estos procesos, Manuel no solo recibió apoyo para su propia parcela, sino que también se convirtió en parte de una red comunitaria donde los aprendizajes y beneficios se comparten con otras familias. “CASM es como una familia más. Nos ha fortalecido en el campo, pero también en la educación de nuestros hijos”, afirma.
El acompañamiento también generó beneficios colectivos para Poza Verdes, como la mejora del sistema de agua potable, demostrando que el trabajo articulado entre comunidades y organizaciones puede impulsar cambios que benefician a toda la población.
Manuel vive junto a su familia, integrada por cinco personas. Sus tres hijas representan una de sus mayores motivaciones: una de ellas estudia en la universidad y cuenta con apoyo educativo mediante una beca. Para él, la agricultura no solamente significa producir alimentos; significa abrir oportunidades para que las nuevas generaciones tengan mejores condiciones de vida.
La historia de Manuel es la historia de quienes cada día ponen sus manos en la tierra para alimentar a Honduras. Es la historia de un productor que, pese a las dificultades, continúa sembrando esperanza, demostrando que cuando las familias reciben acompañamiento, conocimientos y oportunidades, la tierra puede convertirse en un camino de transformación.

