Comunidad Nuevos Cedros, San Manuel Lempira, transforma su realidad gracias al trabajo conjunto entre CASM, iglesias voluntarias y sus habitantes

La comunidad de Nuevos Cedros, ubicada en el departamento de Lempira, ha experimentado importantes cambios en su calidad de vida gracias al trabajo articulado entre sus habitantes, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), Mundo Renovado y los grupos de voluntariado de la Iglesia Inspirit, provenientes de Estados Unidos.
José Mario Vásquez, líder comunitario, destaca que el acompañamiento recibido ha representado una oportunidad para fortalecer las condiciones de vida de las familias, especialmente de aquellas que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

“Nos sentimos contentos y agradecidos porque la mayoría de las familias de la comunidad son de escasos recursos. Este apoyo viene a beneficiar especialmente a los niños, pero también a las personas adultas. Cuando los voluntarios vienen, la comunidad se llena de alegría”, expresó.

Las iniciativas desarrolladas en Nuevos Cedros han sido gestionadas por Mundo Renovado y ejecutadas con el apoyo de los grupos de voluntariado de la Iglesia Inspirit, quienes cada año visitan la comunidad para impulsar proyectos de infraestructura, fortalecimiento comunitario y acompañamiento espiritual. Por su parte, CASM ha desempeñado un papel clave en la identificación de la comunidad y de las familias participantes, facilitando la coordinación entre los diferentes actores y asegurando que los beneficios lleguen a quienes más los necesitan.

Durante varios años, estos esfuerzos conjuntos han impulsado importantes mejoras en la comunidad. Entre ellas destaca la rehabilitación de la cocina escolar y del comedor comunitario, espacios que anteriormente presentaban condiciones limitadas para la preparación y consumo de alimentos.
“Antes el comedor era de tierra y las condiciones eran muy difíciles. Ahora los niños pueden recibir sus alimentos en un lugar más adecuado y saludable”, explicó Vásquez.

Además, se han construido letrinas y pilas para el lavado de utensilios, mejorando las condiciones de higiene tanto para las madres de familia como para la comunidad educativa. Estas obras han contribuido a crear entornos más dignos y saludables para la niñez y las familias.
El impacto también ha llegado directamente a los hogares. Varias familias han sido beneficiadas con la instalación de pisos saludables, mejoras en techos, construcción de baños y otras adecuaciones que fortalecen la calidad de vida y reducen riesgos para la salud.

“Hay muchas familias que antes no tenían pisos adecuados ni servicios básicos. Ahora cuentan con mejores condiciones para vivir”, comentó el líder comunitario.
Uno de los proyectos más valorados por la población ha sido la construcción de un tanque de almacenamiento de agua potable. Esta obra permite a las familias contar con una reserva de agua durante los períodos de escasez y ha fortalecido la seguridad hídrica de la comunidad.

“Ese tanque era un sueño para nosotros. Hoy nos ayuda a enfrentar los momentos en que el agua escasea”, señaló Vásquez.
Asimismo, el establecimiento de un huerto comunitario ha fortalecido la seguridad alimentaria local. Actualmente, la comunidad produce una variedad de hortalizas y vegetales que complementan la alimentación de las familias y de quienes participan en las actividades comunitarias.
“El huerto nos permite tener acceso a productos frescos sin necesidad de viajar largas distancias. También contamos con sistema de riego y cerco perimetral, lo que ha permitido mantenerlo en funcionamiento”, agregó.
Más allá de las obras físicas, la presencia de los grupos de voluntariado ha dejado una huella profunda en la vida comunitaria. Las actividades recreativas, educativas y espirituales desarrolladas junto a niñas, niños y familias han fortalecido la convivencia y generado espacios de esperanza y alegría.

“Los niños esperan con entusiasmo cada visita. Cuando llegan, la comunidad se llena de vida. Cuando se van, sentimos tristeza, pero también gratitud por todo lo que comparten con nosotros”, relató.
Según el líder comunitario, la llegada de los voluntarios generó curiosidad al principio, pero con el tiempo se construyeron relaciones de confianza y amistad que hoy son muy valoradas por la población.
“La gente comenzó a darse cuenta de que venían a servir, a trabajar junto con nosotros y a compartir. Eso hizo que naciera un cariño especial hacia ellos”, recordó.
Para la comunidad, el acompañamiento de CASM ha sido fundamental durante los años de recuperación y desarrollo, especialmente después de los impactos sufridos por fenómenos climáticos que afectaron severamente la zona.
“CASM ha sido como una familia para nosotros. Han estado presentes acompañándonos en momentos difíciles y ayudándonos a conectar con oportunidades que hoy generan cambios reales en la comunidad”, afirmó Vásquez.
Actualmente, Nuevos Cedros cuenta con aproximadamente 528 habitantes entre niñas, niños, jóvenes y personas adultas. Aunque aún persisten desafíos importantes, como el mejoramiento de las vías de acceso y la mitigación de inundaciones durante la temporada lluviosa, la comunidad mantiene una visión optimista sobre su futuro.
“La gente ha aprendido mucho. Hoy vemos más organización, más participación y más personas comprometidas con el trabajo comunitario”, destacó.

La experiencia de Nuevos Cedros demuestra cómo el trabajo articulado entre las comunidades, CASM, Mundo Renovado, la Iglesia Inspirit y los grupos de voluntariado internacionales puede generar transformaciones significativas y sostenibles. Más allá de la infraestructura construida, esta alianza ha fortalecido la esperanza, la organización comunitaria y las oportunidades para cientos de familias que continúan construyendo un mejor futuro desde su propio territorio.
